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Siguiendo lo sugerido por Artemio López, en relación a la boludez de la Lubertino denunciando con (falsa) indignación progresista, es decir, pretendiendo aglutinar buenas conciencias y llevarlas en fila hacia la figura ética de la denuncia (!), en fin, el susodicho comandante, ha retomado la afirmación de Fanon "asumir la distorsión y devolverla multiplicada", a la que queríamos remitir, sin más aclaración, a la brisa setentista que comenzó a soplar de la mano de nuestro querido virola:
“En otra parte he descrito un cierto tipo de desafío al que podríamos llamar la impotencia provocadora, dado que se lo lanza cuando el enemigo ya es vencedor: cuando toda resistencia es imposible, el vencido reacciona mediante la demostración agresiva de la pasividad a la cual se lo ha reducido; retoma por su cuenta, orgullosamente, lo que el otro hizo de él. Encontramos esta actitud, en su pureza, en los colonizados en un momento dado de su lucha, es decir, cuando adquieren conciencia de la opresión sin tener aún los medios para expulsar al opresor: en este caso el desafío, ideal e ineficaz, manifiesta a la vez la imposibilidad de la rebelión y su necesidad. Hace medio siglo el africano, nieto de esclavos, colonizado, superexplotado, tratado de “negro” por los colonos racistas, retomaba las nociones y los vocablos de que éstos se servían para pensarlo y significarlo. “Los recogía del barro” –ha dicho un poeta negro– “para adornarse con ellos en el orgullo”. Negro, sí, y negro inmundo si quieres: al arrancarte tus palabras, tus conceptos, para aplicármelos soberanamente, al reivindicar esta naturaleza que tu desprecias, pero cuya originalidad no puedes dejar de reconocer, retomo la iniciativa, me atrevo a pensarme, me personalizo como tú y llego a ser para ti este escándalo permanente: el otro consciente de sí.”.
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(Cita: Sartre, Jean-Paul; El idiota de la familia, tomo 2, Ed Tiempo Contemporáneo, Bs.As. 1975. pp.201-2.)
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