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martes, 4 de enero de 2011

Washington Shibolett: emprendedorismo y acompañamiento terapéutico. Conferencias de Chivilcoy. Primera parte.

Bueno, en principio pensé que a esta altura del año nos íbamos a juntar en un lugar con aire... te pediría pibe que el ventilador no gire, que lo apuntes para acá. Ustedes se pueden ir cuando quieran y yo no. A ver, les iba a leer un texto, pero ustedes cagados de calor…qué mierda van a escuchar…no? Y sí, estoy podrido de que no devuelvan nada, congresos enteros de aplausos secos, y la frasecita “qué interesante, me hace pensar”.

Entonces mejor hablo, porque para ustedes el Acompañamiento Terapéutico es el nombre que justifica que cobren un ingreso. He oído sobre la pregunta generacional, pero fundamentalmente oigo pocas preguntas, como les decía recién. Les digo… yo les digo que rápidamente, demasiado rápidamente, todo el mundo filia el acompañamiento respecto a una ética psicoanalítica. No sé bien porque se hace eso. Hay todo un tema con los nombres, no? Con el reconocimiento…. se sienten bien así, y eso es bueno, pero ustedes están trabajando y no son los únicos que se tienen que sentir bien…claro.

Escuchen, escuchen ingenuamente “se tienen que sentir bien”, no crean que es un mandato superyoico estilo James Brown… bueno, estoy en Chivilvoy, ustedes no saben ni carajo quién es James Brown… pero lo que les quería decir, es que antes de pensar en una ética propongo que revisemos cuestiones de orden moral, saben? Digo, antes de pensar en la facultad o en la Técnicatura los invito a revisar falencias del colegio Secundario tipo Formación ética y ciudadana.

Pregunta inaudible:

Sí, pueden interrumpirme Beto. No es chicana pibe, te digo lo del colegio secundario porque si hubiera un poco más de decencia no habría necesidad de tironear los conceptos para justificar cualquier cosa. ¿Ustedes saben qué es el discurso Amo? El discurso amo es el tipo que viene a arreglarte el calefón y se queja de la marca, de que los hacen cada vez peores, que se rompen etc. Si vivís de eso pelotudo, qué querés, que el calefón funque porque llegaste vos, pero quién carajo te crees que sos?

Cambien el nombre, en vez de calefón póngales “los padres”, “el psicótico”, “la mala junta” etc. Se repite con diferencias, pero nada cede porque llega un AT. Sino, nos pensamos que es un trabajo re lindo, y cuando aparecen los problemas enterramos la cabeza como el avestruz. “Acá no están dadas las condiciones…” Entonces tenemos tipos que nunca se analizaron y al primer suspiro con tufillo feo del paciente se los sacan de encima. Cuando la cosa se pone fulera estamos en el terreno del laburo viejo, y eso no significa que no pongamos condiciones o instalemos un estilo de trabajo.

Pero les digo todo esto para desdramatizar un poco, aunque estoy un poco enojado, pensé que iba a haber aire, digo desdramatizar, porque para estos plomeros que administran simbólicamente la locura -cuando la cosa “marcha bien”- todo se convierte en un dramón. Entonces es la tragedia del psicótico, y el coro trágico: el equipo de acompañantes terapéuticos “conocedores” del paciente y de lo que esperar de él. Relatan la vida del paciente 5 minutos antes de que las cosas sucedan como si eso no tuviese consecuencias.

Por eso la ética del psicoanálisis es hacer mierda el coro.

Intervención inaudible:

Mirá pibe, eso que llamas “relación de poder con el supervisor” y que “mejor revisar entre pares colectivamente”, francamente pibe… le tienen miedo a la transferencia? Que carajo piensan que es?

Hay 3 cosas de moda, la rúcula, el peronismo y el acompañamiento terapéutico, y por lejos, lo menos dañino somos los perucas….

sábado, 10 de julio de 2010

El fútbol y el acompañamiento terapéutico: Josefino Taffarel, historia de una vida.

Ciertamente, los inicios de la práctica del “acompañamiento terapéutico” (incluso en la previa de ser alcanzado por ese nombre controversial y no muy útil que digamos) componen un anecdotario casi infinito de intenciones fallidas en el tratamiento de la locura. Historias que remiten a soledades quijotescas, cuando no, obsesiones iatrogénicas por la idea del bien del otro.

Pero aunque nos conmueva la ingenuidad de aquellos planteos, vemos que en sus grietas hay preguntas, reparos y gestos solidarios que quizá no encontremos en las "pymes for crazy people" de la actualidad.

Lo que transcribimos a continuación son fragmentos del relato de Josefino Taffarel, lujoso ex volante tapón de Juventud Antoniana en los años 65-73.

Lo conocimos en el entretiempo del partido Uruguay-Ghana en el bar frente al centenario. Se sentó en la mesa de al lado y luego de preguntar a qué nos dedicábamos, empezó su relato tan sólo interrumpido con el gol de Forlán a los 55 minutos de partido.

“…Pibe, en el 68 me tenía que tomar 2 trenes para ir a la práctica, llevaba las medias en un bolsito, para asegurarme de que llegaran secas. Jugábamos los sábados. Cuando perdíamos ninguno salía, no era cómo ahora que es todo negocio y joda. Cuando ganábamos, íbamos con los pesitos del premio a lo de la señora Elsa…”

“…El asunto es que todos trabajábamos en otras cosas y por tanto nunca podía practicar el equipo entero...es cierto, cuando nos expulsaban a uno o dos, no nos desordenábamos, estábamos acostumbrados a jugar así, casi te diría que generábamos más peligro con dos menos. Pero claro, estaba la pericia nuestra y también los defectos del rival…”

“…el técnico lo conoce al doctor Kalina en el sauna de Berazategui. Y la cuestión es que el viejo empieza a conmoverse mucho con los relatos del doctor, y le ofrece el equipo para alojar a un par de pacientes…”

“…me acuerdo de la charla que nos dio a todos unas horas antes de que llegaran los nuevos:

*…necesito hombres bastantes pintones como para levantar a una mina que tiene sentido de clase, pero deben ser lo bastante duros como para agarrarse a trompadas con una pala mecánica. Necesito tipos capaces de moverse como un señor del estaño y con más labia que Fred Allen por la radio y que, cuando les den un mazazo en la cabeza, piensen que una corista lo atacó con un escarbadientes…”

“…con estas palabras nos la tuvimos que arreglar, porque nosotros no teníamos otras lecturas. El viejo nos traía cosas de la Antipsiquiatría y nos explicaba que cuando había un hecho de violencia de parte de los nuevos, no era cosa de ellos, sino que era propiedad del grupo social, que incluía hasta el trato de los aguateros y los hinchas, ya que el enfermo mental no era sino lo que lo micro y macrogrupos habían hecho de él”

“…al principio los expulsaban mucho, no obstante estábamos contentos. Entraban unos pesitos más para la pilcha y el transporte, y sabíamos jugar con menos hombres en cancha. Igual el técnico fue a protestar a la Afa. Decía que no podía ser que el fútbol, como institución, no alojara a la locura. El viejo tenía labia y era convincente. Aparte, cuando hablaba hacía unos silencios largos de esos que no se pueden interrumpir, y más vale darle lo que quería que tener que aguantarlo una vez más…”

“…Ese año cambian el reglamento de la C. Los equipos que jugaban con nosotros podían hacer hasta 6 cambios por lesión. Eso nos ayudó mucho. Ya no nos expulsaban y como para el árbitro era difícil distinguir a los nuevos del resto del equipo, todos empezamos a pegar a mansalva. A veces los 6 cambios no les alcanzaba y terminaban con menos de once…”

“…Todo terminó cuando al viejo Herminio lo llevaron a un geriátrico. En un partido complicado quería poner dos arqueros. Lo miramos y la desolación había invadido todo el vestuario. Él nos había enseñado todo, desde el perímetro de la cancha hasta como tomar agua durante el partido. Estaba viejo y venía a caer encima nuestro con el caballo cansado. Los nuevos lo entendieron rápido, y ellos nos hicieron saber que el viejo no iba para más…”


* Parte de Fred Allen, cuento “cabeza de chingolito” Osvaldo Soriano.

miércoles, 7 de abril de 2010

Consejos al At. Ser acompañado, lacaneano y peronista.

Habiendo sido acreditado por la Dra. Cura Pancina como acompañado granja del mes, el paciente Aníbal, de Santa Cruz (12 años) quiso compartir con el público lector algunas de sus opiniones acerca del dispositivo llamado acompañamiento terapéutico, previo a presentarlo en la próxima edición de Lacanoamericana.

Ser acompañado: lacaneano y peronista

Siempre y cuando el trabajo del AT dignifique al
acompañado y no se le adose algún ser con expectativas
extravagantes y anti peronistas, es decir parches
ortopedistas del medio pelo psicoanalítico.

Consejos al AT:

1) No llevar lo que no se tiene al que no lo
necesita. Es decir: no pretender sacar a “patear” a
quien se encuentra, hace ya años, adosado a su silla. No
utilizar significantes poco lacaneanos y de pobreza
lingüística como “finde”, “peli”, “compu” o
“mochi”. No formular preguntas estúpidas que
comprometan al acompañado, preguntas que apuntan a lo vital
cuando éste último se encuentra casi muerto en vida. No
inventar ecuaciones imbeciloides y sin sentido, como la que
equipara un día soleado con la ingesta de bizcochos y mate.
Para el acompañado, un día soleado puede significar un
ayuno autoimpuesto, o bien, por qué no, un desayuno
peronista de salamín con champán. No hacer intentos por
que el acompañado, sospechoso de alcoholismo incipiente,
suelte el porrón y agarre el mate a las once de la mañana;
con el porrón le basta y le sobra, y el mate acrecienta su
carácter de tipo nervioso. La mezcla de mate,
porrón y AT meterete puede ser letal. En síntesis y para
ir resumiendo, se trata de registrar (tanto en lo simbólico
como en lo imaginario y en lo real, o alguno de los tres si
no es mucho pedir) a la persona a quien se está
acompañando, así como sus hábitos, su mala fé en
general, y su pesimismo y disgusto de hallarse ante un ente
terapéutico (ET).

2) No contradecir al acompañado hasta no haber entrado en
confianza. O bien hacerlo para que éste no se piense que su
AT es un ser insípido y sin personalidad, y así entrar en
confianza aunque sea a las piñas.

3) Si el acompañado te dice que se siente bien y que vayas
yendo, anda buscando otro trabajo porque te acaban de
nominar.

4) Si el acompañado te cancela más de tres veces
sucesivas la situación es la misma.

5) Si vas a llegar tarde no avises sobre la hora. Será muy
lacaneano pero al acompañado le da por las bolas.

domingo, 28 de marzo de 2010

Paso a pase con Lacan o irse al sobre?

Lacan inventó el dispositivo del pase para decir que quien tiene la palabra sobre su análisis es el paciente y no el analista. No obstante, hubo que esperar 50 años hasta que un equipo de psicoanalistas inventara un dispositivo para darle la palabra al acompañado y dinamitar así el discurso hegemónico de los acompañantes.

La inquietud surgió hace mucho tiempo en el equipo interdisciplinario dirigido por Cura Pancina. Distintos proyectos consiguieron dictámenes en los Carteles de la Escuela, pero el consenso se logró a través del dispositivo “irse al sobre”.

El modelo, aclaran de inmediato, no busca convertirse en una mera técnica a aplicar --“se trata de ver situación por situación”— repiten.

El proyecto fue probado en una granja para recuperación de adictos y otras yerbas. La experiencia mostró que era necesario constituir un lugar simbólico que todos anhelaran, el lugar de AGM. (acompañado granja del mes) “Al principio nadie quería sumarse, pero se ve que las cosas se pusieron bravas, o que algo les hizo un clik, porque a la semana se peleaban entre ellos para presentarse. Era impresionante los golpes que se hicieron a sí mismos”.

“Entonces les dimos hojas y biromes con la indicación de que escribieran 40 líneas antes de dormirse, cuando los efectos de la medicación estaban más presentes. Al principio no era así, pero nos dimos cuenta que de este modo el paciente no divagaba metonímicamente, y nos ahorrábamos una corrección penosa al día siguiente”.

“ Cuando están cagados de sueño es más palo y a la bolsa… están más cerca de su verdad”

Así, mientras preparan la edición de un libro escrito por AGMS, nos adelantan algunos Testimonios:

Nilda de Campana (76 años)
“A mí me gusta que vengan tempranito, yo les preparo el mate encantada, tan jovencitos, y si traen bizcochitos, y, mejor, soy golosa, jaja. Y si cuando pasa la fresca de la mañana se viene un paseito, yo chocha, porque me dijo el médico, el otro, el común, Nilda usted tiene que mover esas piernas, y los chicos lo entienden sin que yo se los haya comentado, y hasta me llevan del brazo, tan caballeros, y me muestran, por ejemplo dicen, mire Nilda, qué sol tan espléndido, o mire cuánta gente simpática que la saluda, salude Nilda. Y así, jaja, la paso de bien. Después me retan, cariñosamente, cuando me tomo el vermusito antes del almuerzo, y sí, a veces me tomo tres vasitos, y tienen razón, me da hipo. Y con el cigarrillo lo mismo, suelte esa porquería me dicen, jaja, qué picarones. A veces también me preguntan mucho por mi familia, que está lejos y no escriben, los hijos, y bueno, yo a veces lloro, y ellos dicen que eso está muy bien. Cuando se van sigo llorando, pero está muy bien, si ellos lo dicen yo les creo, aunque me agarren retorcijones en el estómago. Y bueno, una está vieja, y le viene bien un poco de juventud, y son profesionales ellos, eso dijo el médico, el otro, el que me sacó del sanatorio.”

Diego de General Bermudez (32 años)
“Qué sé yo, todo bien, a mí me da igual. No sé, son todos medio pelotudos si me preguntás, no sé a qué mierda vienen. Pero antes de estar en ese lugar lleno de maricones que quieren dejar la droga porque les lavan el cerebro...éstos que vienen ahora son unos giles si querés saber, vienen con cara de amigos y te pelan cada una que casi que prefiero a los maricones. Viene éste por ejemplo al mediodía siempre con una pomelo de litro y medio, y una mueca en la cara que no sabés si se está cagando o si te la piensa meter ya sabés por dónde la botella. Yo no me la tomo la pomelo. Cuando se va me clavo un porrón en el kiosko de la esquina, total tengo media hora hasta que venga el próximo y mi abuela duerme. Hay uno que me trae faso cada tanto, ese es copado, pero después se hace el amigo y me entra a preguntar cosas de la granja y de cómo me siento. Se piensa que porque estoy drogado soy pelotudo. Él no le da ni una seca, pedazo de maricón.
Son emisarios de Satanás, también el psiquiatra, el que los manda, y me quieren meter cosas en el cuerpo, como a la mañana esas mediaslunas, un día partí una y en el medio habían escrito una S en negro, que no era una S me dijo el otro, que era azúcar negra, que tortitas las llaman. Tortitas las pelotas. Un día los voy a matar a todos y voy a ser el próximo Charles Manson, a mi abuela también, aunque no esté buena como la minita de Polanski."

Carlos de Quilmes (52 años)
“No están mal los muchachos, las chicas tampoco. Pero bueno, uno ha vivido, y la inocencia se huele de lejos. Dejé el chupi hace dos años, después me quise pegar un tiro y no dio resultado, y de pronto esta manga de estudiantes del cerebro humano que a ver por qué lo hice. Al principio no me preguntaban directamente, pero me miraban con una piedad que me sentía Cristo resucitado. Después, cuando no pudieron sacarme ni tres palabras ya me miraban con lástima y preocupación. Yo miraba la tele, no sé, Mirta, Susana, algo que los enervara, pero ellos siempre con la misma carita de paciencia leyendo sus libritos sobre el funcionamiento del cerebro humano, el mío incluído supongo. Necesitás algo Cacho? Todo porque mi mujer me dice Cacho, atrevidos, y la muy boluda que les da de comer. Un flor de pelotudo, eso sí, un día que mi mujer no estaba, me trajo una botella de ginebra, para probarme seguro. Vos esto ya lo controlás Cacho, me dijo, sos más fuerte que ésto. Tenía un olor a alcohol el pibe que daba miedo. Pobrecito. A ese lo sacaron a patadas. No soy un botón, pero todo tiene un límite.”

miércoles, 17 de marzo de 2010

Las máximas para la coordinación de acompañantes terapéuticos. Por Fransuá Abelardo Shibolett

• Nunca dé su teléfono fijo a la madre de su paciente psicótico.

• Si está convencida/o de que su paciente es muy hábil, inteligente, brillante para engañarla, pero usted no observa que otros de su equipo aseveren lo mismo, quizá deba reflexionar sobre su propia habilidad, inteligencia o brillantez.

• No se levante de la cama sin reflexionar que su acompañante preferido es el At al que le ha adjudicado pensar como usted.

• Su acompañante podrá ser tímido, callado, manco, sordo, pecoso, o de aquellos que usan sólo bigote, pero recuerde, él no es su paciente, ni tampoco su hijo.

• Una vez por mes se arrepentirá de haber armado un equipo de acompañamiento terapéutico. Si esto no sucede, quizá debiera recomenzar su análisis.

• Cada tanto escuchará imbecilidades se un acompañante, y pensará: ¿cómo se me escapó este en la admisión? Reflexionará que en esa entrevista usted habló más que él. Y sí, fue efectivamente así.

• No constituye un problema que “sus” acompañantes sean “psicoanalistas” frustrados. El problema es que sean acompañantes frustrados.

• Recuerde que es altamente probable que la madre de su paciente paranoico tenga un identificador de llamadas. Si planea seguir la máxima número uno, no la llame desde su fijo.

• Maldecirá a sus acompañantes cuando lo llamen, y también los maldecirá cuando no lo hayan hecho. Podrá descargar parte de su ira existencial allí. Pero recuerde: eso favorecerá componendas grupales.

• Los pacientes podrán ser muy importantes para uno, no así para los otros. Recuérdalo para la escritura y para la conversación.

• La jerga analítica sigue las “leyes” de la palabra y se comunica en el mal-entendido. Con el paso del tiempo, le pedirá a sus acompañantes que le expongan las viñetas como si fuera un cuentito.

• En la experiencia diaria comprenderá que soltar la llave al estilo Breuer es una acción cotidiana. Se verá tentado de llamar a estos breudianos en lugar de freudianos. Pero mejor lea sobre la vida de Breuer, se ahorrará cometer tal estupidez.

• “En psicoanálisis el ABC son 40 años”. No exigirá a sus acompañantes siquiera estar por una “buena” senda. Pero si podrás recitarle la primera oración de esta máxima cuando se vengan con un discursito universitario.

• Escuchará a algunos acompañantes “ampararse” en gente que usted respeta citándolos fuera de contexto. Una parte suya querrá rectificar tal atrocidad. No lo haga. Con frases que usted ha dicho sucederá lo mismo.

• Usted, tendrá en su equipo, acompañantes que hagan “todo mal” y que aún así el paciente lo tenga en alta estima. Comprenderá esto de inmediato. Pero si encuentra dificultades y esto no sucede, vuelva a compartir un almuerzo familiar y preste atención.

lunes, 4 de enero de 2010

3era parte de la conferencia "acompañamiento terapéutico y reivindicación sindical".

Por Washington Shibolett (traducer: Marcos Esnal)

La posibilidad de caracterizar un acto como terapéutico, es exactamente eso, una posibilidad, no una obligación (c’ est pàs une obligation comme s’ inscrire à la Maestria). Pareciese que todos los caminos en vez de conducir a Roma, ahora van por la Padua hacia lo terapéutico, y no, lógicamente no es así.

En esta práctica tenemos dos palabras (deux mots), acompañamiento y terapéutico. Propongo separarlas cartesianamente (à la René), como quién corta dos siameses de un tirón porque hay un divorcio y hay que dividir los bienes.

Una versión del acompañamiento lo constituye el hincha de futbol (le Pimpi). La semana anterior que estuve en Quilmes, en la inauguración de la HUA (hinchadas unidas argentinas), tomé un café con Marcelito Mallo, ¿lo conocen?, amigo mío, dirigente Quilmeño; él me hablaba del sentimiento del hincha, del amor pasional, de la fidelidad, en fin, lo que se espera de un hincha de fútbol que acompaña a su equipo, que lo acompañe siempre, en las buenas y en las malas… pero claro, ustedes saben que cuando se lavan los platos todos los días alguno se rompe, y no es que importe que se rompa un acompañante –nos puede servir que alguien ponga la cabeza- pero es que también se puede romper el paciente (on peut le casser les oeufs au patient).

Entonces esta versión del acompañamiento a mi no me sirve… esos tipos que gritan “estos son, acá están, los soldados de lacan”…, o sea no está mal el zarandee, pegarnos unos guantazos en la espalda con el supervisor antes de entrar a atender un paciente, pero es una posición que `no encuentra` un límite, y precisamente ése, es su “límite”.

Otra versión del acompañamiento, en la cultura, en nuestras vivencias cotidianas, la encontramos bajo los ministros de gobierno. Si piensan conmigo un poco la analogía, estos son fusibles de quién dirige, sea el país o la cura. Firman su renuncia antes de asumir, y en el área donde tengamos dificultades los hacemos renunciar y procuramos menguar el debilitamiento de la transferencia (du transfert). A los ministros o a los At, los elige el dedo índice de quien manda, y si a la gente o al paciente le gustan, mejor. Pero si a uno, le parece que cierto desvío del AT amerita un desplazamiento, sin chistar le pagamos las horas y si lo he visto no me acuerdo (si je t’ ai vu, je ne me rapelle pas de toi, peit con). En este punto se debe ser inflexible.

La versión degradada de este tipo de acompañamiento es todo lo que se denomine pan-radicalismo. Si recuerdan la experiencia delaruista (la connerie total et absolue), podrán notar que allí no hay alineamiento a la estrategia al no haber un centro que ordene, son acompañantes del “deportivo vengo por la mía” como Felipe Solá (Felipe tout seule) (A.Fernández).

La Tercera Posición, tal vez la clave para pensar el acompañamiento, la constituyen los intendentes del conurbano (banlieue).

Ustedes saben que en argentina pululan los mediáticos, y no me refiero a los verdaderos mediáticos como Mich (le plus grand Mich) Jacobo, o Guido Suller, que nos divertían en la tele en épocas donde no había un mango para producir nada y el cabezón sumía 6 millones más de tipos bajo la línea de pobreza. Me refiero a aquellos cómplices de la fiesta neoliberal que hoy tildan de Loco a nuestro ex presidente Néstor. Claro, si te enfrentas con Clarín, las AFJP, las patronales del Campo, el FMI, si rechazas el AlCA, si armas una Corte genuina, si metes en cana a los milicos, para estos cipayos tenés que ser un “loco”(vous devrait être le “fou”). Pero eso es lo que te adjudica el otro, pero al igual que los piqueteros (empecheurs de circuler), que tomaron el nombre de un significante peyorativo, no vamos a rechazar la identidad del loco para el querido Pierre.

Y allí adviene la enseñanza de estos intendentes, dispuestos a acompañar el proyecto y acoger el testimonio del loco en las mal llamadas "testimoniales". Pero es un acompañamiento que a diferencia de la propuesta del hincha, encuentra un límite en lo real (primer real de lacan): los dirigentes acompañan pero hasta la puertita del cementerio. No entran. Como suele decir Kafkianamente Huguito Curto, “cada uno tiene su puerta, y el análisis personal está para eso, para no cometer el crimen de llevar al otro hacia nuestra puerta, pero ojo, a la de él tampoco entramos”.

Respecto a la otra palabrita, "terapéutico", constituye un ste vacío, diría Laclau, (le maître du partuzier Zizek) que puede cobijar cualquier cosa y todos pretenden resguardarse allí, pero bueno, el tiempo es tirano, como otrora lo fuera el proyecto de psicología para neurólogos o el general para algunos.

Me detengo aquí, trabajemos las preguntas.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Segunda parte, conferencia en la Sorbona sobre “Reivindicación Sindical y Acompañamiento Terapéutico”



Psi(ndicalicé) por Washington Shibolett. (Traducción: M. Esnal )

-Vayamos retomando entonces… muchachos acomódense… sean buenitos… claro, ahí, en la sillita. Gracias.

Recién en el break, Mario Ishii me preguntaba si podía expedirme en relación (rapport) a un caso clínico. Ustedes saben que lo usual en este tipo de reuniones es mencionar un concepto y “ejemplificarlo” en términos de viñeta clínica. Esto puede dar lugar a la idea de que lo que se trata allí corresponde a la transmisión de un caso clínico, pero a mí, para serles sincero, los efectos de esas cosas no me están gustando un carajo (une merde). Y creo que si no nos ponemos a hablar de Transferencia, todo termina en un pastiche (doctorat) de nosografía vestida de loco suelto (un fou).

Ustedes saben que los pueblos eligen, ya sea en un congreso Milleriano o en la plaza del general Perón, pero saben que los pueblos eligen y se manifiestan por un sí o por un no. Aut-Aut, Liberación o Dependencia, Patria o Colonia, Acting Out o Pasaje al Acto. etc.

Y saben también que acá, hay psicoanalistas que son terneros a los que ya no les alcanza el cuero para ponerle las marcas (ce sont des putes avec des kilometres de pite). Fueron los Kleinianos de la primera hora, luego Freudianos, Lacanianos, Millerianos, Deleuzianos, Anti-Millerianos, pero eso sí, siempre con la cabeza franchuta, como la oligarquía de la época de Alvear y defendiendo filiaciones teóricas en encendidos discursos que empujaban al precipicio todo lo que fuera lo “Otro”. Para estos lacanianos, Klein sigue siendo una empanada que se come con el solo hecho de abrir la boca, y así están, y así estamos.

Pero no vinimos a esta hermosa ciudad a ofender a nadie ni a tomar partido en ninguna de vuestras disputas internas. En el peronismo respetamos la autodeterminación de los pueblos y eso es sagrado, pero sí debo decirles –sobre todo a quienes me antecedieron en la palabra-, que el brujo Miller tendrá todos estos vicios, pero mucha gente que cree acomodarse en la progresía psicoanalítica, ganaría con hacerse milleriano. Ojo con eso. Éstos -hablando en criollo (parlant en la bonne langue)- no le pueden tocar el culo ni con una caña (se sont pas capables de aller le toucher le cul).

Entonces, si nos importa una dirección clínica genuina y emprendemos la batalla, debemos alinearnos entendiendo cuál es la contradicción principal. En la época en que confrontamos con Miller, nos aliamos con muchos que no eran santos pero sí rechazaban el proyecto neoliberal. Ahora, que confrontamos todo este progresismo tenemos que sumar a los millerianos que quieran enfrentarlo para cambiar la política. Aunque no sean santos.

Quisimos ser anti-millerianos, y hasta diría que lo fuimos, pero al ver lo que estaba enfrente, esa cohorte de nabos (le groupe) que se piensa a la vanguardia por criticarlo al brujo Miller, y a la vez reproduciendo los mismos clichés de incomprendido mesianismo, la verdad, no nos quedó otra que revisar nuestras posiciones, y por eso hoy extendemos ahora nuestro apoyo crítico al brujo.

Que a nadie le queden dudas que la contradicción principal es la progresía psicoanalítica que ha disfrazado una parva de prejuicios como si fuera un pensamiento crítico, obturando las posibilidades de desarrollo de nuestro pueblo, aquel que siempre dio y nunca pidió (qui n’ a pas demandé rien comme Vegh a gorda Carrió) .

Para dejar claro de qué estamos hablando, podemos pensar en el nombramiento de Abelardo Parentini, alias Abel Posse, como ministro de educación de la ciudad de Buenos Aires…

--Pregunta inaudible

--Sí, el tipo es un facho horrendo, pero lo que quiero marcar, quiero hacer el esfuerzo para que se entienda, es que ese tipo, que es una porquería, está ideologizado. Sabe y ha optado. Pero, por ejemplo, el pelotudo de Wainraich, el de TvR, le pregunta en la radio a su compañero si puede ser una buena persona alguien que reivindique a la dictadura. El otro responde algo que da la idea de que “si es clase baja y en esa época estaba mejor, es comprensible y puede ser buen tipo, pero la gente culta e ilustrada (les gens à la tilingaux) no, porque allí murieron también inocentes”.

¿Se dan cuenta? Es el mismo discurso que el de Posse, pero más dañino, está en las sombras, y lo tenemos las 24 horas quemándole la croqueta a la gente. En ese discurso, el tipo de clase baja es un pobrecito, un pedazo de carne soporte de una oligofrenia que misteriosamente se convierte en “un pan de dios” (le pain de bergoglio). Mientras tanto la gente ilustrada no puede ser buena porque allí murieron “inocentes”. Bueno, Malo, Inocente, Culpable, que chatura, que chatura … La idea que proponen entonces es criticar a la dictadura por los excesos, o sea los “inocentes”, los que no eran “culpables”, los que estaban en la agenda de algún psicoanalista psicobolche o los perejiles que repartían un volante. Esta visión secuestra nuevamente la identidad de los desaparecidos, sus decisiones, sus apuestas, sus convicciones. Además si se fijan, sigue en la línea de la teoría de los dos demonios, entonces para qué ir desaforados contra Posse si ése discurso es el dominante y ni siquiera lo sabemos…

sábado, 26 de diciembre de 2009

Conferencia en la Sorbona sobre “Reivindicación Sindical y Acompañamiento Terapéutico”

.
Primera parte de la conferencia en la Sorbona sobre “Reivindicación Sindical y Acompañamiento Terapéutico”.

Psi (ndicalicé) por Washington Shibolett. (Traducción: M. Esnal)



Queridas compañeras y compañeros:

En 1905 Lenín escribió: “No interesa lo que un Acompañante Terapéutico piense, desee o proclame sino cómo pueden pasar las cosas por efecto de la actuación de ese Acompañante” planteando así en forma clara y distinta la distancia entre la “dis-cursilería” (dis-saloperie) y la acción.

La política, que es toda ella un arte de ejecución, entre las tantas definiciones que va a dar Perón, obliga a sus actores, si pretenden cierta eficacia, a manejarse a partir de los efectos que producen las decisiones políticas (n’ être pas un Cobos). En este sentido, y parafraseando al General, compañeros, juzgar a un acompañante o a una institución por lo que dice (par ce qu’ elle dit) o proclama y no por aquello que realiza es el grave error del pensamiento ilustrado en psicoanálisis.

En el peronismo compañeros (aplausos), somos partidarios de la cultura del uno, el qué grande sos (le “voilà que tu est grand”), el gran conductor, el primer trabajador (ovación general). Nunca desconocimos los preceptos Freudianos respecto a la instancia transferencial estructural. Por eso nos preguntamos, cuando nos llega un paciente o nos convocan a trabajar en un equipo de éstos... inter no se cuanto (inter n’ importe quoi)…quién carajo (merde) lo manda. ¡¿el amigo o el enemigo?! Aquí está el meollo (béance) de la cuestión señores, porque si nos convoca un tipo serio a laburar con un bodoque (handicapé), es porque algo allí vio, y personalmente compañeros, prefiero equivocarme con este tipo antes que tener razón con un cipayo (aime-pite) neoliberal.

Escuchamos en los medios concentrados que el acompañamiento terapéutico no es más ni menos que un análisis, que hay una articulación no-jerárquica. ¡De qué carajo (quelle pute question) estamos hablando compañeros! ¿Acaso se imaginan a un pendejo (mec) sin calle dirigiendo la cura y a Ritvo o a Mich de AT? ¡Pero por favor! Ojo… no soy un retrógrado (je ne suis pas Biolcatti). Si los tiempos cambiaron y precisamos más cabezas, si aún estamos en la busca de una dirección genuina de la cura, que entonces haya una mesa honesta y capaz, pero ¡qué es esto que cualquier AT te arrea con el pañuelo! (quiconque fait de la connerie).

Lo colectivo como centro, es en nuestra visión peruca (notre avis peruque) una desviación institucionalista, republicanoide y como tal, debemos combatirla, allí donde se encuentre.La propaganda psi se encarga, como toda propaganda de poner el ser a la venta, en este caso las virtudes del psicoanalista o del acompañante terapéutico. Está construida a partir del discurso interesado, pues son intereses los que intenta defender. Y es consumida a diario por los miles de millones de hombres que como público consumidor aceptan como su opinión, la opinión publicada (la opinión du Clarin).

Hoy los acompañantes, observa acertadamente Massimo Cacciari, no resuelven los conflictos sino, en el mejor de los casos, los administran y eso se hace no con acciones sino con palabras. Con discursos, muchos de los cuales farragosos (à la Kuri et a la Ritvo), que buscan lograr el consentimiento sobre aquello que no se hace pero que por una especie interna de “fuerza de las cosas” se espera, que finalmente se resuelva. Cuando en realidad, resolver un conflicto, para bien o para mal, es decidir por una, entre varias alternativas de la cadena significante.

En la acción clínica la escala de valores es la siguiente: primero la necesidad, después el derecho, y luego la demanda y el deseo. Así lo dijo Evita, pero no es por esto que lo sostenemos, sino porque así se sostiene en nuestro trabajo diario (le travail à la Giuníperon). Y existe un viejo dicho: El hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, que nos recuerda la obligación de una mínima coherencia entre lo que decimos y realizamos….
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