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domingo, 1 de agosto de 2010

Cátedra libre Oscar Masotta (borrador de editorial de presentación)

Estimado (o no) lector (o no):

En principio, nos interesa dar a su conocimiento algunas razones que nos convocan para dar inicio a la “Cátedra libre Oscar Masotta”.

Comencemos por el ámbito de la Universidad:

Desde el texto Freudiano “Sobre la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad”, queda en claro que las particularidades de la formación del analista (análisis personal, supervisión, teoría) se escabullen de una aprehensión teórica de “carácter dogmática/crítica” que en términos generales Freud supone al recinto universitario. Desde Lacan no hace falta que pensemos en un “recinto” para pensar lo universitario en el psicoanálisis, gesto importante, desbordante de las subjetividades de muchos analistas (o personas que trabajan nombrándose de esa forma) que han optado por obviar un paso importante, el propio análisis.

Pero hay una cuestión que nos parece necesario articular, que no figura en estos textos que citamos, se trata del carácter público de la Universidad Nacional.

Por supuesto, el acceso público no está efectuado como “para todos”, porque se precisan ciertos ingresos económicos y recursos previos, como recorridos escolares que están ligados sobre todo a cuestiones materiales (también ligado a cuestiones simbólicas, pero permítanos subrayar en esta Facultad el costado material, el costado de la necesidad y sus excedentes).

Pero donde encontramos el “Para Todos”, que incluye fundamentalmente a una parte importante de la sociedad que no accede a la Universidad, por los motivos mencionados y también porque ni siquiera tienen la edad necesaria para ingresar, ya que incluye a los niños, es en la fuente de financiamiento del esquema Universitario.

Financiamiento estructural del país, de carácter inequitativo, a través del impuesto al consumo (IVA). Si hacemos una analogía con la Salud Pública en tanto los que se atienden “gratuitamente” son los que más pagan, aquí los que más pagan, no entran en el sistema y colaboran en la formación de profesionales (no temamos a esta palabra) que muchas veces no los tienen en cuenta y en otras, que sí lo hacen, sería realmente preferible que no los tuvieran en cuenta.

Es necesario sostener esta articulación, de la Universidad y sus características, del Psicoanálisis y las suyas, ya que, por los efectos que contemplamos en distintos espacios, desde las clases asistidas, los temas que se discuten (¿se discuten?), los grandes temas ausentes; no estamos seguros de si se transmite “necesariamente” algo del psicoanálisis, pero sí lo estamos sobre la transmisión de ideología velada, no reconocida como tal, en tanto serie de ideales/prejuicios adquiridos, que se aggiornan con lenguaje Psi.

La ausencia de lo político (su interrogación) operando como punto ciego de los practicantes.

Para citar algunos ejemplos, ya que nombrar la palabra política genera susceptibilidades en muchos “colegas”, podemos referirnos a temáticas complejas del psicoanálisis como son “el pago” o el “uso del diván”, o incluso nociones trans-estructurales como fantasma, imaginario, inconsciente…que son utilizadas a diario con el rigor que le impondría Mamá-Cora.

Se trata de algo muy preciso: pensar desde un prejuicio, cosificar desde un a-priori. Para eso, la complejidad de los conceptos, el contexto histórico, incluso la polisemia del lenguaje no tiene ningún valor. Todo se reduce a un único significado. La palabra se vuelve fetiche: pago es igual a dinero, y recibido en la mano, diván sólo en cuanto se hayan atendido todos los ideales que supuestamente componen “nuestra” práctica, fantasma e imaginario, atributos de “la clase media”. Suena estúpido, pero basta con prestar un poco de atención y se lo escucha.

La política del saber, hablar por los otros para cerrarles el pico, política que como dijera Jorge Jinkins “se niega como tal y que obtiene su fuerza de la disimulación”.

En fin, somos seres humanos, la vida se nos vuelve gravosa decía Freud, y no le viene mal a nadie algunas identificaciones que se puedan tomar prestadas, pero cómo es que se construyó ese Ser analítico caricaturesco, aquel modelo que se cree por fuera de cualquier determinación y camina por la vida descompletando otros discursos. Aquel que ha tomado un nombre que define un momento de la sesión o del encuentro con un paciente, y sale del consultorio creyendo que su “no tomar posición” es abstinencia. La abstinencia es una cuestión activa, en un marco específico del análisis, no un rasgo personal para llevar el resto del día. Eso tiene otro nombre, es una postura política, más sintomática o más intencional, pero no menos política, producto del proceso de degradación de la misma.

Nos interesa promover debates sobre estos temas que están demasiado presentes, pero en el sentido de la “presencia de una ausencia”, porque esta falta de apreciación política, sumado a la falta de análisis, a las ensaladas de narcisismo que ordenan la angustia que pudiera surgir, está haciendo estragos.

Será de nuestro agrado que discutamos, revisemos posiciones y abandonemos el deporte de poner la falta en el otro. Porque justamente, pretender condiciones ideales, que “la cosa marche” no es digno de nosotros, “universitarios”, sino más bien de los “amos”.