jueves, 25 de noviembre de 2010

P.P.L. (Psicología Peronista Lacaniana).

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Fundamentación del programa

“Es una constante de la vida psíquica que nadie quiere privarse de su neurosis. Esta aporta demasiadas ventajas secundarias para desprenderse de ella al contacto del primer analista que se presenta. A pesar del deseo que le da tensión toda astucia le parecerá buena para escapar. “He comprobado –dijo Lacan–; que el psicoanálisis es un remedio contra la ignorancia; pero que no tiene ningún efecto con la imbecilidad...”

(Pierre Rey – Una temporada con Lacan)


“El bruto es siempre peor que el malo, porque el malo suele tener remedio, el bruto no. He visto malos que se han vuelto buenos; jamás un bruto que se haya vuelto inteligente”

(Juan Domingo Perón)


Primero, es consabido que la psicología, a medida que avanza la división social del trabajo, aún así como antiguo reflejo de una filosofía vaga –impulso antihistórico y por ende masivamente valorado–, viene a ocupar el ámbito precisamente no ajeno a lo non sancto en relación a la curiosidad del poder de inmiscuirse en ámbitos que sería mejor dejarlos librados del obsesivo control de los cuerpos. Así la mentalidad obsesiva triunfa en un mundo cada vez más tendiente a repartir sanamente controles e higienismos, mientras la contaminación queda, también, bajo la férula del proteccionismo de todo ‘acto irracional’. Irracionalidad sólo aparente, ya que todo control llevado al extremo no culmina sino en grandes irracionalidades. De allí la estrechez de miras al pretender entender que una clase social emita un sufragio con miras a su conveniencia racional- económica, desconociendo el valor simbólico que los manjares mediáticos imparten desde posiciones encumbradas. De allí el infructuoso rebote en quedarse con el apotegma de que el elector suela votar donde no piensa, y pensar donde no vota.

No sería para desmerecer sino todo lo contrario, el encontrar un límite preciso al denominado populismo. La fascinación por la imagen del poder no siempre es tenida en cuenta a la hora de encarar los análisis, y es preciso no rehusar la mirada ante la presentación de determinada fenomenología. Y precisamente no se avanza mucho si se pretende señalar en las orgías de un Berlusconi algo que melle en su poder, sino todo lo contrario; más bien aquellos aspectos hacen a la raíz misma de su poder y dominio, en tanto nos muestra su contacto divino con las esferas del placer que aquellos que día a día pasamos las jornadas repitiendo intrascendentes rutinas, sólo se nos permite en la imaginación y los sueños.

La Psicología ha tomado posición entre nosotros y eso antes de que pretendamos cualquier elección. El impulso –muchas veces despavilizador– de desprecio a la Psicología, es sólo un índice, un momento. Quedarse en tal actitud es una posición sumamente respetable, si bien no va al punto de superar este momento, siendo además un testimonialismo de su égida y extensión en cada vez más ámbitos. La Psicología bien puede constatarse como una ‘triste realidad’ con la cual no tendremos más que aprender a convivir y saber-hacer con ella y sus proliferaciones. De ahí que todo ataque hacia ella semeja la cabeza de Medusa: mientras más se la combata, más impondrá su presencia, y sus tentáculos no dubitarán en ir cubriendo cada vez más espacios como el de la política[1], con el simple recurso de la buena voluntad y el sentido común del buen encauzamiento.

Cuando se dice Psicología se sabe que aquello también denominado como Psicoanálisis, no está precisamente al margen, ni contiene privilegio o exención alguna. La posición del lacanocookismo, lejos está de aquellas declamaciones que desde lo ‘social’ intentan cercar de culpa a todo aquello que se avizore como soberanamente ‘individual’, y así ad infinitum, como se ha venido haciendo de manera poco fértil, y merecidamente destinada al fracaso y a la complicidad silenciosa.

La posición teórica del lacanocookismo contiene en su esencia determinados atravesamientos –y no otros– a los que exponerlos de forma transparente, consideramos, sería insultar la inteligencia del lector ocasional.

En cuanto a la referencia simbólica (el justicialismo), y su plasmación imaginaria (el peronismo), entendemos que la complejidad de este real que insiste en nuestra historia, lejos está de ser reducido a categorías recurrentes como facho/progres, si bien no se tardaría en encontrar exponentes que así lo requieran y/o presenten. Sólo remarcar que la reflexión generacional es antes que nada ineludible. Y que aquello que se presenta en el imaginario como peronismo, lejos de quedar en una supuesta esencia, teoría ad hoc del progresismo y por ende tolerada (más bien neutralizada), o esencia ortodoxa a resguardar al fiel estilo eclesial, en donde pululan los alcahuetes y sacerdotes ocultos detrás de esta experiencia que lejos está de reposar límpida al margen de toda polémica.

Entonces, el peronismo no puede quedar en mero testimonialismo, y de hecho no puede, debido a su actualidad histórica efectiva, pero que el partir de sus efectos incalculables, previo a toda apuesta en juego, tampoco puede hacer caso omiso de su historia y de su desarrollo, y que por eso mismo, tenga que saldar cuentas con la Justicia. Lejos de hacer un antiperonismo embozado, desconocer esto sería romper una cadena generacional, con la potencialidad traumática que esto conllevaría, y su no concluida realización, lo que lo proyecta hacia delante no bajo el manto del pesimismo, sino de un fuerte interés en un destino mejor.

La posición que retoma el lacanocookismo es una posición que se actualiza doctrinariamente, es decir, plantea que todo recurso teórico en relación al acto no es otra cosa que defenderse del mismo. ¿Es revolucionario el lacanocookismo? Es una buena pregunta. No mejor si se hiciera, luego de la caída del muro, la pregunta por el populismo, sin desacreditar de forma tilinga la política en esta región del mundo, su fragilidad, y justamente, el potencial y casi inmediato apego a los intereses del gran Cipayo.



[1] Como relatara John William Cooke: “El juez argentino que condenó al grupo del MNRT sostiene que no son delincuentes políticos sino ‘seres inadaptados que con el pretexto de móviles sociales o patrióticos dan rienda suelta a pasiones criminales realizando acciones que algunos tratan de persuadirse a sí mismos como de carácter epopéyico o justiciero...’. “Ese buceo en la psiquis de los procesados está reñido con las normas de imparcial administración de justicia y constituye una fuga hacia la arbitrariedad de las afirmaciones infundadas. Por lo pronto, son los propios protagonistas quienes deben estar ‘persuadidos del carácter epopéyico o justiciero...’ de sus acciones, eso es lo que distingue a los activistas revolucionarios, y no la prueba de que son personalidades aberrantes. El ideal perseguido puede parecer horroroso a los que pertenecen al sistema de valores atacado, pero el rebelde tampoco concibe como ‘normal’ el acondicionamiento espiritual en el seno de una estructura socio-política injusta y deformante, ni que esas almas frígidas sean la pauta, para medir los ‘desajustes’. No pretendemos que nuestros salomones aborígenes compartan ese punto de vista de los marginales, pero aun dentro de la juridicidad del statu quo, el inconformismo integral no puede reducirse a fenómeno de patología psicológica; y una infracción a la ley es política o no de acuerdo con criterios elaborados por la ciencia penal, y no de acuerdo con requisitos que un magistrado fije por su cuenta para que una concepción merezca la calidad de lo político.” (Acción Revolucionaria Peronista. Publicado en Marcha, 1967. Los barullos del surrealismo jurídico. Las negritas son nuestras)
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4 comentarios:

Lic. Baleno dijo...

Gran texto.

Diego Stechina dijo...

Con gran respeto por las compañeras de Psicología y Psicopatología del Lenguaje... esta PPL me gusta mas!

pablocuar dijo...

Para Sarlo y Sebreli, que reducen el peronismo a un imaginario inofensivo sin ningún valor político-transformador...

Santiago Gómez dijo...

Qué bien que hace leerlos, compañeros. Hace tiempo los sigos. Comparto una experiencia realizada en Moreno, provincia de Buenos Aires, por un gran grupo de Lacanoperonistas, no todos somos cookistas, con la conducción del gran Roberto Gutman.

http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-91649-2007-09-20.html